
El calzado veraniego más popular, las conocidas chanclas o sandalias de dedo (flip flop en inglés), existen ya desde los antiguos egipcios. Los modelos tal y como los conocemos ahora se inspiran en la sandalia tradicional japonesa (zori) que complementa al kimono. Se inicia su comercialización en EEUU después de la segunda guerra mundial, y se populariza su uso a partir de los años 60 con el auge de la cultura del surf.
En los últimos años ha crecido entre la comunidad médica el rechazo a este tipo de calzado por sus supuestas consecuencias negativas para los pies y otras articulaciones. Pero, ¿tiene realmente esta mala fama una base científica?
A decir verdad, no hay gran cantidad de investigaciones científicas que den respuesta a todas las dudas, pero haciendo un breve repaso a la información publicada sobre este tema podemos hacer las siguientes afirmaciones:
- Diferentes estudios biomecánicos han demostrado que la carga que soporta la articulación de la rodilla caminando con chanclas es menor que con zapatos tipo zuecos (crocs) o zapato ortopédico. Por lo tanto cabe pensar que para personas con patología de rodilla son preferibles las chanclas con suela flexible antes que un calzado ortopédico (zueco o crocs) con suela más rígida. La suela flexible hará que la rodilla tenga un menor sufrimiento durante la marcha.
- La marcha con chanclas obliga a aumentar el trabajo de los flexores de los dedos para evitar que la chancla se escape, esto puede alterar la biomecánica de la marcha y causar lesiones en la extremidad inferior (dedos en martillo, fascitis plantar) y producir dolor y sobrecarga lumbar.
- Cuando caminamos con chanclas acortamos el paso, cosa que no pasa al caminar con zapatillas de deporte o descalzos. Esto implica más pasos para una misma distancia, por lo tanto mayor cantidad de impactos, lo que puede desencadenar lesiones por sobrecarga en los huesos del pie (metatarsalgias, sesamoiditis o incluso fracturas de estrés).
En resumen, podríamos decir que el uso prolongado de chanclas en personas con factores de riesgo (obesidad, artrosis, osteoporosis…) puede causar lesiones como la fascitis plantar (sobre todo en personas con poco arco plantar), dedos en martillo, juanetes o incluso fracturas de estrés. Pero también es cierto que su uso puede tener ventajas para personas con patologías degenerativas de rodilla, respecto a otro tipo de calzado de verano con suela más rígida.
Por todas estas razones es recomendable hacer un uso moderado de este calzado, o sea simplemente para ir a la playa o para trayectos cortos. Y habrá que evitarlo en personas mayores o con problemas de coordinación y estabilidad, por el riesgo de caída.
Y para concluir, si las chanclas son nuestro calzado preferido y no podemos vivir sin ellas, escogeremos aquellas que cumplan estos cuatro requisitos: suela gruesa, soporte para el arco plantar, tiras anchas y buena amortiguación.
Anna Mohedano, fisioterapeuta
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